Willys en Salento
La plaza, Cocora y las fincas. Aquí el Willys no es folclor, es el transporte.
La fila de Willys en la plaza de Salento es la imagen que todo el mundo tiene del Quindío, y no es decorado: es la manera real de subir al Valle de Cocora. Son unos once kilómetros de destapado y unos treinta minutos, y en temporada alta la fila se hace larga. Pedirlo por aquí sirve justo para eso: para tener el carro cuadrado a la hora que usted quiere salir, que en Cocora suele ser antes de las siete, cuando todavía no ha subido la nube.
Lo segundo más pedido son las fincas cafeteras: El Ocaso, Don Elías y las de la vía al Alto de la Cruz. Son recorridos cortos pero de subida, y con maleta grande a pie no se hacen. Si se queda a dormir en una finca y llega en bus a la plaza, deje pedido el Willys desde antes: los buses de Armenia llegan en tandas y todos los pasajeros buscan carro al mismo tiempo.
Un detalle práctico que ahorra plata: si van a Cocora y vuelven el mismo día, pida ida y vuelta en la misma solicitud. El conductor sabe que tiene que esperarlos o volver a buscarlos, y eso lo cuadra en el precio desde el principio. Pedir dos viajes sueltos casi siempre sale más caro y, a la salida de Cocora a las cuatro de la tarde, encontrar carro libre es otra historia.